Por Raúl Barrios*

El rendimiento deportivo es un concepto íntimamente vinculado al desarrollo y entrenamiento de 4 grandes factores: las capacidades coordinativas; las capacidades condicionales, que se relacionan con la fuerza la velocidad, la potencia, la resistencia, etc., las capacidades táctico estratégicas, y las capacidades mentales, dentro de las que encontramos factores vinculados a la motivación, la concentración, el manejo de las situaciones potencialmente estresantes, la regulación de la ansiedad, la tolerancia al dolor, al esfuerzo, etc. y todas deben trabajarse.

Del aspecto físico, de las capacidades condicionales, se encarga el preparador físico que entrena a los deportistas en función de un plan elaborado con una metodología de entrenamiento deportivo; de las condiciones coordinativas y de las capacidades técnicas y las táctico estratégicas, en tanto, se encarga el entrenador en jefe; finalmente, de las mentales nos ocupamos nosotros, los psicólogos del deporte,  haciendo, en principio, una evaluación para llegar a un buen diagnóstico de las capacidades psicológicas de cada deportista, que luego vinculamos a la cuestión grupal observando si cada capacidad se pone en juego y al servicio del equipo. Porque no alcanza con tenerlas, sino que en instancias colectivas lo importante es ponerlas en juego en función del grupo.

En la alta competencia es donde el factor mental es el principal generador de desequilibrios porque, en general,  todos los deportistas que llegan, por ejemplo, a un Mundial, están en buenas condiciones físicas; no se pueden discutir las capacidades tácticas y estratégicas de un jugador de ese nivel porque son buenos deportistas y todos llegan jugando en roles muy definidos, y muy marcados, entonces, claramente la diferencia se hace en la cuestión mental, en el manejo de las emociones, la concentración, la agresividad.

Todas las manifestaciones psicológicas en el deporte se ven a nivel corporal, porque es un universo donde el 80 % de la comunicación es no verbal, lo que nos lleva todo el tiempo a mirar las caras, el movimiento de los brazos, la actitud corporal, y a darnos cuenta que hay cierta impotencia, que no se están encontrando recursos para hacer frente a una situación potencialmente estresante, y amenazante.

En nuestra vida cotidiana, cuando se nos presenta una situación amenazante tenemos 3 opciones posibles: si consideramos que tenemos los recursos, o la estrategia de enfrentamiento adecuadas, atacamos; si consideramos que no, huimos; y la tercera posibilidad es paralizarse, justamente, por no saber si los tenemos o no. A veces sucede que un jugador o un equipo no encuentra lo recursos  mentales o emocionales para hacer frente a una situación que en principio se presenta como adversa, y lo que le pasa al jugador a al equipo es que se va desgastando, derrumbando, desmoronando, porque no va encontrando los recursos que le permiten resolver satisfactoriamente.

Lamentablemente en el futbol argentino, hoy hay muy pocos profesionales que se ocupen de trabajar estos recursos. Todo el mundo se acuerda de lo mental en instancias decisivas que es cuando ya no se puede hacer nada, porque nuestro trabajo no es magia. Muchas veces confundimos psicología con magia, con prácticas esotéricas. Si uno viene trabajando con el plantel y se da una situación adversa, como puede pasar en una competencia, sí se puede ayudar, pero intervenir sin proceso previo es imposible.

Los psicólogos podemos insertarnos en el deporte de varias maneras: como asesores externos, o como asesores del cuerpo técnico, y estar metidos allí en la cocina. Ahora bien, si el líder de un proceso desestima el recurso, y tiene la omnipotencia para decir: “de esto me ocupo yo”, y además escribe un libro diciendo que odia la planificación (como en el caso del ex técnico del seleccionado argentino de fútbol), el resultado que se puede esperar es este, porque cuando no hay planificación hay improvisación, y cuando pasa eso las cosas salen mal, en cualquier ámbito de la vida. Los equipos son lo que son en función de cómo son conducidos, y aquí claramente no existe una conducción, y la disciplina, obviamente, forma parte de todo este entramado.

*Raúl Barrios es psicólogo especializado en deportes de alto rendimiento. Es titular de la Cátedra de Picología del Deporte en la Facultad de Psicología de la UBA

Edición Nº 448